Neurosis digital o autismo positivista

miércoles, 4 de febrero de 2009

Montañita



Ante todo gracias a los queridos amigos que apoyan más o menos explícitamente this blog: Lolamaar (a quien le debo unas disculpas: justo chateamos unos minutos o segundos cuando venía de no dormir por dos días en Cuzco y tal vez, para variar, estuve algo agressive), Volquer, El conejo de la suerte, Prats, Vecino, Raymond, Gómez, Lahe, etc.

Ahora con la soledad toda cargadita en la mochila lo único que queda son las cervezas nuevas ecuatorianas (Pilsener de 600: 1 dólar, Club de 300, 0, 80 centavos) y los comments o linkeos o palabras de aliento de los amigos.


Voy con mi pilsener a la pequeña rambla de Montañitas y me siento a unos metros de dos rubias. Escucho loco y otras entonaciones porteñas o de zona norte. Es decir: Palermo, Belgrano, Nuñez o zona norte (ahí al toque).

- ¿De qué barrio son chicas?

- Eh? Barrio?

- Sí.

- Zona Norte.

- Sí, ya sabía... preguntaba de qué barrio.

- ...

- Olivos?

- Más al norte...

- Martínez?

- Sí, por ahí... Beccar...

- Sí, hay mucha gente de zona norte...

Lo peor de las hipótesis barriales-clasistas vinculadas al turismo andino es comprobarlas. Me levanto y me voy. Mi interacción con las mujeres mejora día a día. Lo más cerca que estoy de tener sexo es cuando le pido a la señora del hostal que me pase crema Hawaian para quemaduras en la espalda. Se pone incómoda y hace un trabajo desprolijo. Esperaba más. El enfermero dice: nunca esperes nada, así es mejor. Quizás haya influido la cercanía de su hijita. Resigné el hostal con vista a la playa de ocho dólares lleno de mini-intelectuales argentinos e israelíes leyendo y opté por uno más alejado por la mitad.

Dejo a las chicas ultra-chet baker y compro una Club. Converso con los artesanos que, lógicamente, están demasiado obsesionados con su subsistencia.
Deberé emborracharme una vez más (la soledad es dura, baby). En la aduana me sacan cuatro dólares porque me faltaba el papelito que me dieron en la frontera boliviana-argenta (eran cinco pero dije que sólo tenía cuatro: estoy mejorando mi capacidad de reggateo).

En Guayaquil a la mañana estuve con tres pibes chetos y fumones-tabaqueros con los que viajé en el bus pero me aburrieron: demasiado consumistas y cerebro de tachos. Sus diálogos iban de las drogas a los aéreos y la colitis. Volverán en aéreo por Maracaibo, Venezuela (620uss: también cierta envidia, claro). Yo me la banco vía terrestre. De última me tomo un Lima-Buenos Aires de cincuenta horas que baja todo por Chile y evito las contrariedades busísticas bolivarianas.

Me encuentro a los cordobeses de Máncora y el más facho y carismático me dice:

- Llegamos ayer... mucho más movido que Máncora. A la vuelta hay un boliche que se pone bueno.

Escucho un huevón en un grupo y digo: chilenos? Sí. Yo argentino. Me dicen que están hace una semana, que se fueron a una playita por tres días a 'descansar'. ¿Descansar? Esto es para descansar. Dicen que la vida nocturna es demasiado agitada. Esperemos. Quiero aprovechar mi maldito cuarto personal antes de suicidarme y reencarnar en Buda.

Guayaquil, sí, un touch chetón pero es como Cuba dolarizada. El promedio por kilómetro cuadrado de pequeñas Naomi Campbells es demasiado alto. No recomendable para gente sensible a la soledad y con tendencia a la condición de 'loser'. En fin, un mirador chiquito en una parte estilo Puerto Madero, la asimilación de que todo sea en dólares, y lo mejor del día: separarme del grupito de chetos fumones que salen todo el tiempo a fumar tabaco, irme solo y tomar un bus a Salinas (los de Montañitas están en paro), quedarme dormido y pasarme, tomar otro (nevermind, aprovecho para pasear por la costa ecuatoriana), y ahí uno tipo interurbano que va
por el camino del sol, es decir, por la ruta junto al mar. Voy de pie pero es lindo. Después me siento. Converso con una ecuatoriana de pueblo que se baja y después con Alexander, un pescador de camarones que me recuerda a Forrest Gump y es muy simpático. Dice que tiene tres amigos argentinos de msn. Dudo. No quiero ser el cuarto. El mejor momento del trayecto es cuando el chofer del bus se sale de la ruta (que está cortada por el paro de Montañitas) y agarra a lo hollywood por la playa, gira en la orilla, surfea un toque el agua y empieza a darle por ahí. Me siento en Máxima velocidad. Chequeo con Alexander que este no es el típico camino, que Correa está mejorando las cosas y que Montañitas se pone el fin de semana (una vez más, habrá que ser pacientes).

Ecuador es un poco más caro que Perú y eso atemoriza pero tampoco es para tanto. El litro de cerveza sigue alrededor de los seis pesos y la comida un poco más cara pero bueno, el precio de estar junto al mar. Miro el atardecer (el sol se pone sobre el mar en el Pacífico; en el atlántico sólo ves el sol saliendo del mar a la madrugada, es decir casi nunca). La gente juega al fútbol, al frisbee, alguno corre, otros muestran su destreza con la pelota, las parejas se miman, las amigas conversan, los amigos se emborrachan, y yo camino por la playa atento a no cruzarme con ninguna arañita de mar. De Ecuador me sorprendió la belleza de la gente y su musicalidad. La música (bastante buena, o al menos superior a la boliviana, peruana y palermitana) suena fuerte en todos lados: la terminal, los buses (las madres les enseñan a bailar a sus bebés en los asientos), la calle, los negocios. Será esa cosa afro, je ne sais pas.
Por momentos hago cálculos monetarios de super-ahorro pero ya fue, tampoco da para vivir como un hippie ultra-ascético y alguna vez hay que volver. ¿Qué mejor que gastar los dólares emborrachándose? Olvidemos por un rato a todas las mujeres que nos rondan en la cabeza, todos los errores de desamor o sobre-amor que cometimos. Let's get moving into action: me queda una cerveza ecuatoriana sin probar. Dos chicas tan hermosas como chetas-santiagueñas dicen en el locutorio:

- Queremos iamar a Chile.

- O1156.

- Bueno.

Una se interesa por mi formato blogspot por una centésima de segundo y vuelve a su cueva telefónica junto con su amiga. Fuckin' blondies. Entran más chilenos. 01156. Esto por momentos parece la rambla de Olivos o la vuelta al perro por algún shoppin' exclusivo de Santiago con aires marinos.

Habrá que hacerse amigo de los gringos, los chilenos, los de Beccar, los cordobeses, los hippies adictos al nomadismo o de mí mismo. O habrá que declararse incompetente, como decía algún cantautor. Ninguno me cae demasiado bien pero supongo que así es la vida. Y con alcohol todo se vuelve un poco más blando.

6 comentarios:

Marineta dijo...

eyyy querido!!!! acompaño el sentimiento de la borrachera!!! buen y lindo relato...baires esta demasiado transpirado para volver...disfrute del mundo al raves!
saludos paternalenses..

jb dijo...

hola jota! yo también te sigo desde acá...coger está bueno pero no coger saca la mejor prosa.
beso grande

diego.ve dijo...

¿Esto es como el capítulo de Seinfield que George deja de coger y se convierte en un genio de las matemáticas? Estás crónicas son un lujo Jota. Yo ya volví y te envidio. Aunque estoy un poco resentido con el "Viva Chile". Jaja. Abrazo y el año que viene nos vamos hasta Caracas.

Matias dijo...

Ojo. A ver si las fans que consigas con tus excelentes crónicas después te dicen "no, no vaya a ser que arruinemos tu prosa".
Abrazo y más apoyo.
matias g.

lenguaviperina dijo...

mercie beaucoup, mes amies!

jb dijo...

jajaja, no querría ser la culpable de tu abstinencia sexual, ni mucho menos mi querido linne...yo digo que los prutitos no ayudan, por ahí hay que bajar un poco las pretensiones...igual, no sé, me retiré hace demasiado.
besooo