Neurosis digital o autismo positivista

miércoles, 29 de agosto de 2007

Alejandría + Los Mudos



Alejandría: mucha gente, birra cara pero está bien. Scott de host. Después de los tres invitados lee Burzi la primer parte de un cuento y después, lo que todos esperábamos, esos invitados finales grossos que trae Alejandría y que en este caso es Pablo Ramos, que es diferente, lee un capítulo de su última novela, La ley de la ferocidad, y es sólido: el personaje va a una villa a buscar al Gitano para comprar merca, entra a un galpón, conversa, prueba, va al baño, piensa, coge. En un momento se pone a enumerar todos los sinónimos callejeros de la cocaína y saca como cien. Una noche oscura narrada por Ramos: intenso. Después Scott le hace preguntas y Ramos dice que se dedica a la literatura porque nunca pudo tocar bien la trompeta, y dice algo así como que lo que le gusta es cuando termina un cuento y siente que hizo algo, que tiene algo que no tiene valor, no tiene precio, algo que el vecino de enfrente con su auto importado y su tarjeta de crédito nunca va a poder tener, algo que es sólo suyo y salió de él. Después Status, rica comida, y después a esperar el 168 con Ariel, hasta que nos dimos cuenta que ese bondi por la noche es una mierda y tomamos el 60.



Al otro día (un amigo me dice: estás yendo a todas las lecturas; sí, me contagié el virus funesiano, le digo) Los Mudos: Funes empieza quemando el sorteo: hay discos, libros, y no gano nada (aunque al final sí, gano una cerveza). Burzi lee la segunda parte de su cuento que está bastante bueno, Anich lee un relato estilo chica extraña a chico que también está bueno (y suma mucho que trajo a una amiga que toca la flauta traversa), Funes hace con su gran músico Palazzolo -co host- un cover de Deep Purple y es sublime, con su pelo rubio y su pronunciación defectuosa del inglés -pero poniéndole onda- llega a altos niveles de comunión con la audiencia, que al final estalla en gritos (inaugurando el karaoke, que es mucho más divertido que el micrófono abierto: después un borracho canta Ji Ji ji, otra vez el tema de Purple y no sé qué más, y está bastante bien, en especial el de Ji ji ji). Pero al final -suele pasar- llega lo más suculento: Silvia Atwood, recién llegada desde Córdoba especialmente para Los Mudos (donde había poca gente: se lo perdieron) hizo una gran performance sólo con un buen texto, un sifón y cierto background actorial. El romance tortuoso entre la Virgen María y un ángel (Miguelito), mezclando palabras en latín con una musicalidad power, una mezcla de invocación satánica, Las Brujas de Salem, de Miller, un toque de Copi y no sé qué más. Genial. En la parte en la que hace la performance de un orgasmo -acariciando el sifón, Miguelito- a Lahe, que estaba al lado, creo que no lo escuché respirar ni una vez (y duró como cinco minutos). En fin, después la cerveza, conversar con Funes y Atwood (que nos enseñó un poco de música) y, gracias a que Funes me tiró en Plaza Once, tomarme el 41.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

no te enojes, pero creo que postear textos chatos de otros te esta bajando el rating

Anónimo dijo...

te estás poniendo tiernito, pibe

yo entro acá buscando veneno y me venís con una crónica que parece la agenda de la eñe

lenguaviperina dijo...

ah, sí, también estaba Erlan.

ah, anónimo: andate a la concha de tu hermana.

absurda y efímera dijo...

Desde el anonimato, cualquiera se anima a decir todo.

Yo que estaba sentada en la misma mesa tuya, no sólo no lo oí respirar a Lahe, tampoco te oí respirar a vos. Y si me apuran, los oí suspirar. ;)

El orgasmo duró menos de un minuto, lo que pasa es que suspendió el pasar del tiempo, como todo orgasmo.

lenguaviperina dijo...

cierto, AYE, cierto.