Neurosis digital o autismo positivista

jueves, 2 de abril de 2009

Scanner



Diez años como fanático habitúe y de pronto paso la primer semana sin pisar el festival. Por fin voy al Abasto y veo tres películas. Tomo un café junto a Rejtman (él está en la mesa de al lado, pero habla en francés con una mujer, así que no entiendo nada). En la otra mesa está Andrés Di Tella, primer director del festival, hijo del sociólogo Torcuato, sobrino del ex canciller Guido, nieto del dueño de la mítica empresa Siam-Di Tella. Al rato pasa Szperling, su mujer. No sabía que Rejtman estrenaba película acá. Copacabana el año pasado y Entrenamiento básico para actores este año. Habrá que tratar de conseguirlas en algún lado. Primero veo cortos de Eustache: un reportaje a Jean Renoir (Andersen es un autor para grandes, no para chicos, dice, y de los mejores de la historia), algunos críticos discutiendo películas de Murnau y fumando todo el tiempo, el proceso de selección laboral en una empresa (es gracioso el momento en el que llaman a una grafóloga-psicóloga, que analiza personalidades en cuanto a la caligrafía de cada aspirante). El mejor corto es una reunión de franceses en los setenta. Fuman, beben vino y escuchan a uno que analiza El jardín de las delicias, de Hieronymus Bosch. Es un tríptico que le encargó algún mecenas. El cielo y el purgatorio son aburridos. Bosch no estuvo muy inspirado. Pero el infierno está encantador. Después vi The Hostage, una interesante película que 'deconstruye el thriller sobre secuestro de aviones.' Humor, liviandad, historias cruzadas, inteligencia, y la curiosidad de ver un poco cómo se vive en Latvia. La directora, que presentó la película, fue muy simpática. Y por último vi Taking out, una muy buena peli, chiquita pero poderosa, sobre un delivery chino que trabaja en un restaurant de comida china en New York. El chino contrajo una deuda con unos prestamistas para devolverle la plata que su familia le prestó para el viaje. La película empieza así. Los matones vienen a buscarlo al cuartito donde vive. En una heladera rota tiene escondidos mil dólares para darles. Pero faltan ochocientos. Últimatum. En el día junta 650 dólares. Le faltan 150 y los tiene que conseguir con las propinas. No habla inglés y el máximo de propinas que hizo una noche fue 90. El amigo delivery le dice: toma mis pedidos. Y llueve torrencialmente. Y Big Ma, la encargada de tomar los pedidos en el restaurant (único actor no profesional en un leading rol), es un personaje entrañable. Y el sábado Sono Sion, Love exposure, de cuatro horas.

Camino por Callao hacia status. En el bolsillo de la campera llevo dos fotos dentro de Flores robadas en los jardines de Quilmes, del turco Asís. Al mediodía almorcé con mi padre. Me regaló una foto de Perón con Mercante y otra de Perón y mi abuelo. Por Callao casi no se puede caminar. Mucha clase media abarrota la avenida, gorilas que se despiden del primer presidente de la posdictadura. Unos buenos años iniciales, algún discurso enfervorizado, una vida de militancia, muchos errores y dudas. El que duda tiene que morir. Tus muertos lloralos vos. Otra generación, otro espectro ideológico. En la foto mi abuelo y Perón se estrechan las manos. Sonríen. Parece haber algo en la mirada del General, cierto conocimiento de la persona que saluda. Pero quién sabe. En la parte de atrás dice Freie Press, diario de la mañana. Ahí trabajaba mi abuelo. Lástima que no tengo scanner. Es una buena foto para acompañar el post, o para empezar a escribir una novela.

1 comentario:

carolina dijo...
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