Neurosis digital o autismo positivista

viernes, 17 de abril de 2009

Acerca de Ravonne, de Urman



(Leído el 15-4-9 en el C.C. Zas, en el ciclo Los Mudos, organizado por Funes).

Los personajes de Ravonne son personajes oscuros e infelices –ambiciosos o no, todos mediocres, todos geniales-, desesperados que fuman sin parar y sobreviven a través de la fantasía. Sueñan todo el tiempo con estar en otro lugar porque habitan un mundo hiper-realista, porque debido a su lucidez pueden vislumbrar la matrix, por eso sólo son felices en sus cabezas, ¿entendés? Las doscientas páginas del mundo ravonniano se leen y releen de un tirón, las palabras se meten como espermatozoides en tu feminizada cabeza y quedan repicando en tus sueños, y entonces te da miedo porque soñás cosas fuertes, cosas de verdad, de esas que hay al otro lado del muro, y entonces rebotín rebotán este insomnio de quién será.

Ravonne, la primera novela de Urman, y a su vez la primera gran novela que bellamente editó Tamarisco (sello independiente –no indie, como otros- compuesto por los cuatro fantásticos: Largo Vanoli, la blonda Gorodischer, gacela de oro Bruzzone y la fatal Budassi) es un folletín posmoderno, un mazaso de sadismo con toques de porno soft políticamente incorrecto, humor, tabaco y personajes adictos que buscan alguna escapatoria en forma de venganza. Ravonne podría ser una gran película coreana (productores coreanos y Caetano, atenti).

Pero empecemos por el principio. Deambulo en bici por Parque Saavedra con una amigo. Es Pascuas y llama Bruzzone, mi amiga bosteza porque cuando cortó con la novia tuvo ataques de pánico –y algún intento de suicidio- y entonces ahora toma psicofármacos. Yo le dije: papá tiene una farmacia, puedo ayudarte. Me alejo de mi amigo somnoliento para hablar tranquilo (no todos los días llama a tu celular uno de los más resonantes escritores de la new generation: deberías haber seguido siendo su ayudante piletero; al menos así serías algo, Jotita: llegan los periodistas de Crítica y Página a entrevistarlo y él, siempre tan amable y querible, diría: él es Jota, y también es escritor; ¿ah, sí? ¿Y qué escribe? Tiene un blog. Ah, bueno, ¿seguimos con las preguntas, Félix?, y yo seguiría con mi querido barrefondo, pero bueno, lo importante es estar cerca. Por otro lado mejor, soy tan verborrágico que no le hubiese dejado idear a Felo varias de las tramas de sus relatos. En fin, entonces Felo me propone escribir sobre Ravonne y digo claro, soy fan de Urman, por algo a la presentación de Ravonne fui con una remera escrita con marcador indeleble que decía: “soy lechero de Urman”. Y atrás decía: “Urman presidente.” Pero hay que escribir sobre Ravonne, dice Felo. Ah, bueno, okay, dale, abrazo.

Pasan los días. No escribo nada. Dejo todo para último momento. Epitafio: Postergó, se masturbó, y siguió postergando. Es que en realidad yo quiero escribir sobre Urman y los super Tamarisco, ya que son todos grossos y amigos. Bueno, pero no escribas sobre vos, no tenés que ser siempre la estrellita.

Termino de releer Ravonne y me detengo en la página 111.

Luis presiona un poco más el acelerador. Recuerda de chico haber tenido muchas mascotas: Resno, Yaguer, Filpo, Rupi, Edmundo. Resno era un conejo de ocho patas violeta y blanco, siempre corriendo por todas partes, siempre haciendo lío pero como nadie nunca lo podía alcanzar, no pasaba nada; Yaguer era una marmota azul que producía un zumbido bajo y gordo, era una marmota gorda y mullida; Filpo era el único que podía volar, en ese sentido era como un insecto. Filpo y Resno eran los más aventureros. Filpo era azul como Yaguer, pero de un azul metalizado, y siempre se escapaba por las ventanas, nadie podía saber adonde iba ni si algún día iba a volver, por eso a veces lo tenía que encerrar en el placard, donde vivía Yaguer.

¿Pero de qué trata la novela?, me pregunta mi amigo suicida que llama por teléfono. Eh… es sobre Roberto Ravonne, un ex conductor de televisión que tenía un programa para chicos llamado Hacete la rabona con Ravonne, hasta que su ex mujer, la ahora famosa conductora de televisión Candelaria, le tendió una trampa y Ravonne cayó en el olvido. Ahora el pobre tiene una rotisería donde trabaja Pablito, un chico con síndrome de down que sufre o goza del abuso sexual de Ravonne. Pero Ravonne planea vengarse de Candelaria secuestrándola. Silencio. Mi amigo dice: Ah.

Mi libro-faro, mi libro-tamarisco respira como asmático con luciérnagas en el estómago. Lo miro. No soy un gran lector, pero le pregunto a mi amigo al otro lado del teléfono si quiere que le lea algún fragmento.

A veces Filpo se escapaba por días, Filpo era el menos confiable, y después estaba Rupi que dormía toda la semana hasta el domingo, y todos los domingos se despertaba a la hora de la siesta, cuando todos duermen, y era como un bichito de luz con forma de gato, era naranja y muy gracioso; Edmundo fue el primero y sabía muchas cosas, y siempre contaba historias, historias del mundo.


Tengo muchos amigos escritores pero Urman es el único del que soy fan. En mi cuarto, desnudo y borracho, sólo he leído a Urman, tratando de seducir a alguna mujer algo intelectual. Urman me genera esos fanatismos que me llevarían a hacer cola en Yenny con un bate de béisbol. Sería un groupie punk camuflado de fan de Harry Potter pero en vez de comprar esas novelitas de mierda, patearía esas cabezas idiotizadas que sueñan con sombreros de mago para llegar a mi reluciente y sangrante ejemplar urmaniano.

Porque Urman, además de ser un gran performer, músico, humorista, cocinero, bailarín, lector, barman, editor, DJ, anfitrión, invitado estrella de cualquier reunión y el novio de Cecchi, Urman es nuestro Macedonio, nuestro Felisberto y nuestro Quiroga; Urman es nuestro Charly Kaufman y Charly García; nuestro Coronel Kurtz y nuestro Conrad; nuestro William Burroughs y nuestro Walt Whitman; Vicious y McLaren; el osito de chocolate de los Simpsons y el peluche gigante de La historia sin fin; Urman es nuestro Lewis Carroll y nuestra Alicia.

Gómez, mi querido amigo vareliano, manda mails. Está desorientado, no sabe qué escribir sobre La marca del milagro, la gigantesca y fantástica novela de Terrasa, que también gracias a Dios editó Tamarisco. Trato de tranquilizarlo: no te enredes, igual somos todos amigos. Va a haber algunos borrachos y nosotros, y listo. Gómez estaba nervioso y yo me hacía el superado pero ahora el que tiene insomnio hace dos noches soy yo, no él. Gómez también es grande, entre otras cosas porque es un pequeño Urman.

Luis presiona un poco más el acelerador. Mentalmente aprieta a Yaguer, la marmota azul para los ratos tristes.

Esa frase mansa me revolotea como campanita. Algunas frases urmanianas son un picahielo para la materia encefálica. Pero esta no, esta me da tranquilidad, y entonces sonrío pensando en Yaguer, mi nueva ovejita stone y anti-insomnio, una marmota radioactiva que te sirve si estás down. Perfecto. Sé que vos me ayudarás a coger con las ovejitas aburridas, y por eso desde ahora y para siempre te quiero, le digo a Yaguer, y lo abrazo mentalmente, y por fin me duermo.

Quizás todos queremos ser o escribir como Urman, o todos somos sueños soñados por Urman, un bello Tamarisco rubio que resiste en la playa.

4 comentarios:

theDruid dijo...

menos mal que Cortazar no tenia razon porque las Islas ahora son de mierda Pixel.

lenguaviperina dijo...

bueno, gracias por el aporte. no entendí pero quizás alguien lo entienda.

marina dijo...

buen post, jota.
un bes.

lenguaviperina dijo...

grazie, marina
beso