Neurosis digital o autismo positivista

lunes, 27 de abril de 2009

Pabst y el capitalismo

Termino de leer la novela de Pola Oloixarac (Entropía, 2008). Empiezo a escribir una reseña. Llega la medianoche y pienso que me merezco una película. Entre lo que tengo hay cine bobo y embobador del Imperio y cinearte. Entre esas últimas, una de Pabst (link mental a uno de los protagonistas de Las teorías salvajes). En general -consecuencia de mi pasada cinefilia un tanto maníaca- tengo una idea al menos intuitiva de los directores, pero de Georg Wilhelm Pabst no sé nada, sólo sé que es alemán y de la época muda (error: es austríaco). Anyway, démosle una chance.



Joyless Street (Pabst, 1925) sorprende por su inesperada vigencia. Esta película muda y en blanco y negro filmada en la Viena de posguerra marca el debut en un protagónico de la bellísima y expresiva Greta Garbo. Si bien la mirada oscura e intensa de Garbo le aporta al drama, por otro lado su actuación demasiado grave y rozando la sobreactuación para el canon actual no es lo más destacable. Lo que impacta de esta película es que su poder cinético-físico-táctil y que parece filmada ayer: hay una crisis fuerte del capitalismo, algunos quedan afuera, otros resisten y mantienen la cohesión ética del núcleo familiar hasta que, cual charlottes chaplinescos, cansados de mirar el consumo desde las vidrieras, empiezan a desesperarse (y ahí es cuando aumenta el robo y la prostitución): en la época inflacionaria -hablo de los años veinte pero podría ser hoy- la clase media empieza a perder posiciones y la situación social se polariza. Se salvan los especuladores, los grandes productores, los grandes comerciantes, pero una gran parte de la clase media para abajo, empieza a caer progresivamente en la miseria (¿les suena?). El futuro, de ganar la derecha y hacerse hegemónica, está inscripto en Joyless Street. El contraste entre los rostros de la gente que hace cola al amanecer en la carnicería -y que cree en la llegada de la carne como otros creen en la llegada de la revolución- contrasta con las imágenes de lujuria y ostentación que los ricos despliegan en el cabaret y en los bares con sus risas y bailes. Lo que sorprende además de la expresividad de los rostros y la música clásica, la precisión del guión y cómo juegan los pocos elementos que hay en la puesta en escena, es que el antagonista de la clase media muy pauperizada es el capitalismo. Y uno que creía que el buen cine dramático-social con toques de humor duro empezaba con La comunidad (De la Iglesia, 2000) y Delicatessen (que no existiría sin este film, que tiene una indudable paternidad sobre el expresionismo sci-fi que Jeunet y Caro reinauguraron en 1991).



En Joyless... todo sabe a deja vu: el padre jubilado y deprimido de Greta que acepta cambiar su pensión por unas acciones de unas minas (una jugada más de especuladores financieros: ¿recuerdan las AFJP? ¿Y todas las aseguradoras, bancos y empresas que fundieron? Nadie sabe hasta dónde llegará esta crisis, sólo sabemos que son recurrentes, que siempre pagan los mismos y que su intensidad y duración es variable. Joyless Street también ayuda a entender en qué contexto germina la derecha, el nazismo: en medio de una crisis que genera hambre y humillación prolongada.

Las imágenes de Viena en los veintes inflacionarios -uno de los lugares más ricos del planeta en el imaginario colectivo- golpean con su crudeza hiper estilizada de modo artesanal. La moneda se volvió papel sin valor y el comercio sólo es en dólares. El capitalismo antagonista está aquí encarnado en algunos personajes muy similares a los de hoy: el acaparador del frigorífico, el carnicero indiferente y cómplice con su rothweiller de escolta, el especulador financiero, el usurero, el jefe acosador de la oficina, la crueldad y el egoísmo de las compañeras de trabajo (foto), la dueña del prostíbulo y además dueña del negocio de tapados y abrigos, que da créditos sin ningún requisito, entrampando a los incautos, igual que los bancos en la actualidad. Tal vez lo único cuestionable del meticuloso drama de Pabst es el galán que, de alguna manera, salva a Greta (el personaje de Garbo se llama Greta): un norteamericano que trabaja para la American Relief Comission. Sin embargo, al menos, Pabst nos muestra que los compañeros del americano no son tan nobles, ya que se divierten junto a los vieneses ricos en los bares y burdeles. Otra cosa interesante, el personaje principal masculino, tiene un tratamiento mucho más femenino que todos los main characters masculinos que Hollywood y el cine europeo contaminado por los íconos norteamericanos ha producido y sigue produciendo en la actualidad. El protagonista y la película, de hecho, recuerdan a Buster Keaton, otro que, a su manera, también desplegó sus narraciones de modo magistral entre el expresionismo duro y la comedia noir.

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