Neurosis digital o autismo positivista

viernes, 5 de octubre de 2007

Happiness -& surveys- in the fuckin' country




Todo un día en Roque Perez, pueblo -o ciudad, según quién nomine, ellos o nosotros- suena lindo, aventuras en el campo, in the country, almuerzo pago, un día al solcito haciendo encuestas en la prov, la gente te invita a pasar, people is kinder in the suburbians. Pero claro, después viene Lynch (o Waters o Cronemberg o Coetzee) y te muestran el lado oscuro de las cosas: llueve torrencialmente, la gente está harta de responder encuestas (hasta en un pueblo de mierda como Brandsen, perdido y estancado en el medio de la provincia maldita de mierda de bs. as.) y estoy encerrado en un bar llamado sugestivamente El Club con mi coordinadora (de San Isidro pero está bien, somos amigos de la facu), su novio David (correcto, del interior, estudia geografía, ojos claros y toca la viola en bandita estilo 'coldplay u oasis', que debe ser una garompa, of course, si hasta coldplay en general es una mierda, imaginate sus imitadores del conurbano del norte), y después las dos indeseables: una amiguita de mi amiga, también de San Isidro pero estudiante de medicina (de la Católica o el Salvador o algo así, seguramente), que dice idioteces todo el tiempo, se queja de todo y etc (Dolores, claro, se llama); y por último María de los Ángeles, encuestadora de mediana edad que vive en el conurbano, morocha que a priori debería caerme bien porque mis progenitores me transmitieron teóricamente que la gente popular debe caerme bien (igual a papá casi nadie la cae bien, y supongo que a mamá tampoco, en fin, lo que sea es culpa de ellos, anyway), pero María de Los Angeles empezó a hablar de sus castings, de Moria Casán, de cómo era panelista en un programa de Utílisima Satelital, de tooodas las encuestas que hizo sobre mercado (rapipago, estaciones de servicio, servicios de internet, neumáticos, autos, y otras cosas soporíferas) y después las dos hijas, a las que les dice que estudien, pero ella, la mayor, sólo quiere bailar, y estudia con Moria, y baila aye o axé, y yo pensando en cambiarme de mesa, irme a leer Coetzee que es tan, tan, distinto, como un carver sudafricano y afrancesado, en fin, un genio; la lluvia termina, terminamos la zona de encuestas, y nos vamos a casa: a la vuelta, el chofer duro de merca pone la fm 100 al mango. Pienso en decirle algo, pero después -dueño de la fila de atrás de la combi- logro conciliar el sueño.

1 comentario:

jb dijo...

sólo quería decirte que pasó por acá.

saludos!